NUNCA SE SUPO A TIEMPO ESTA REVELADORA HISTORIA DE MILEVA MARIC. INTERESANTE

Mileva Maric y Albert Einstein se conocieron en la Universidad Politécnica de Zürich a finales del siglo XIX. Maric era la única mujer que estudiaba matemáticas y física en aquella universidad. En 1896 iniciaron una relación sentimental y Einstein estaba fascinado por la intensa colaboración intelectual que recibía de parte de su compañera serbia. A la única persona que disgustaba aquella relación era a la madre del genio, una alemana misógina y xenófoba, que nunca vio con buenos ojos a la serbia: “Ella es un libro igual que tú, pero lo que tú necesitas es una mujer. Cuando tengas 30 años, ella será una vieja bruja”.

Como sea, la pareja estaba flechada porque ambos hablaban el mismo lenguaje: ella le dio clases de matemáticas(que nunca fueron el fuerte de Einstein), preparaban juntos sus exámenes y compartían el mismo interés por la ciencia y por la música. Einstein le escribió en 1900: “Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo”.


En 1902, Einstein se trasladó a la ciudad de 
Berna, Suiza, donde consiguió empleo en una oficina de patentes. Tras cinco años de convivencia Albert y Mileva terminaron casándose a comienzos de 1903 y tuvieron su primer hijo al año siguiente. En sus ratos libres, Einstein desarrolló, entre otras cosas, la Teoría de la relatividad especial que habría de revolucionar la física moderna. Los frutos de su trabajo fueron publicados en 1905, en la -en aquel entonces- prestigiosa revista Annalen der Physik.

uando se le preguntaba a Mileva por qué no firmaba los artículos que elaboraba junto a su esposo, su respuesta era: "Wir sind ein Stein!" (Somos Einstein), que en alemán significa “somos una piedra”

Esta es más o menos la historia oficial, la que todos sabemos; pero se puede ahondar un poco más en la vida privada del genio, en sus inicios y sobre todo, en la relación con su primera esposa.

Aunque Mileva fue una sobresaliente matemática, nunca logró terminar formalmente sus estudios, en cambio Albert pudo defender su tesis doctoral en 1905. Para 1908, Einstein consiguió finalmente un puesto de profesor en la Universidad de Berna. En cuanto a Mileva, el matrimonio la obligó a abandonar definitivamente la universidad y la física.

Existen varias cartas del noviazgo en las que Einstein le pide aclarar información,  debate  con ella  el por qué de sus ideas de la relatividad (de ella) e inclusive se refiere a “nuestra teoría” y le da un trato de colega. A partir de estas evidencias hay estudiosos que concluyen que las ideas fundamentales de la teoría de la relatividad fueron de Mileva Maric, quien no pudo continuar con su carrera puesto que se hizo cargo del cuidado de los hijos, uno con retraso mental, lo que desde luego le exigió más cuidados maternales. Incluso ahora se sabe que engendraron una niña en 1902, antes de casarse, de la cual se sabe muy poco, sólo que la entregaron en adopción...

Mientras ella cuidaba de sus hijos y renunciaba a la ciencia, Einstein desde su puesto académico tuvo el tiempo suficiente para concluir sus estudios y desde luego para desarrollar la teoría, de la que se sabe ahora, que el crédito no era del todo suyo. En esa pareja de físicos alguien tenía que cuidar a los niños, alguien tenía que lavar y preparar la comida; y ése fue el papel que Einstein y la sociedadpatriarcal asignaron a Mileva, quien subordinó todas sus aspiraciones a las necesidades de sus hijos, a los objetivos de su esposo y puso todos sus conocimientos a su servicio.

"Mi gran Albert ha llegado a ser célebre, físico respetado por los expertos que se entusiasman por él. Trabaja incansablemente en sus problemas. Puedo decir que sólo para eso vive. Tengo que admitir, no sin vergüenza, que para él somos secundarios y poco importantes", escribía Mileva a unos amigos. Einstein a su vez admitía:"Nuestra vida en común se ha vuelto imposible, hasta deprimente, aunque no sé decir por qué".


Con el paso del tiempo la relación se tornó disfuncional. Ella ya no le resultaba divertida y tampoco contaba con el tiempo para aportar nuevas ideas ni conocimientos. Las “Reglas de conducta” que Albert Einstein le impuso por escrito en 1914 son una cruda muestra de su autoritarismo y, a su vez, del machismo y violencia psicológica que ejerció en contra de Mileva:


“A. Te encargarás de que:

  1. mi ropa esté en orden,
  2. que se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación,
  3. que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.

B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. En especial no solicitarás que:

  1. me siente junto a ti en casa,
  2. que salga o viaje contigo.

C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:

  1. no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,
  2. deberás responder de inmediato cuando te hable,
  3. deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.

D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.”

Con este tipo de imposiciones obviamente que las cosas no funcionarían nunca, por lo que los Einstein terminaron separándose en 1914. Einstein volvió a casarse en 1915 con una de sus primas, Elsa Einstein, quien también era divorciada y tenía dos hijas. Esta nueva relación marital fue como un necesario soplo de vida para el aún desconocido físico, ya que apenas un año después y con una inusual lucidez y energía dio a conocer su famosa Teoría General de la Relatividad que Mileva había preparado.

Elsa fue la mujer sumisa que Einstein buscaba. En silencio y total sumisión supo mantenerse a prudente distancia, dedicada al hogar y facilitándole el trabajo de investigación. Su doméstica obediencia dio un paso más cuando aceptó organizarle la agenda y restringirle el número de visitantes que aspiraban hablar con él, a medida que crecía su fama.

De los hechos se desprende que Einstein nunca necesitó una esposa sino una secretaria, y que no quiso formar una pareja científica ni conceder crédito alguno en su teoría a su ex esposa Mileva. Quizá por eso, de alguna manera le pagó por su aporte, al otorgarle el dinero que ganó por el Premio Nobel de Física.

Un detalle bastante revelador aportado por la feminista alemana Senta Trömel-Plözt es que, cuando Albert y Mileva se separaron oficialmente en 1919, el documento del divorcio incluyó una cláusula de que, en caso de recibir Einstein algún premio por los artículos publicados en 1905 en los Annalen der Physik, debía entregárselo íntegramente a Mileva. ¿Tenía la esperanza Mileva que ese trabajo revolucionaría al mundo? ¿Cómo pudo saberlo si no fue parte del mismo? Es claro que ella fue la autora del mismo.  Fue en los años de su vida conjunta, hasta 1914, cuando nacieron las obras más importantes de Einstein, por lo que algunos creen que el papel de su mujer era significativo y definitivo, sobre todo en matemáticas, materia en la que alguna vez brilló en su Facultad.

Y fue así que en 1921 Albert Einstein ganó el Nobel de Física por sus publicaciones de 1905, y un año después le entregó la totalidad del dinero del premio a su ex-esposa. Y también hay que decirlo: Einstein era un misógino empedernido. Estaba convencido de que “Muy pocas mujeres son creativas. No enviaría a mi hija a estudiar física. Estoy contento de que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia”. Decía también que “la ciencia agría a las mujeres”, de ahí la opinión que tenía de Marie Curie: “nunca ha escuchado cantar a los pájaros”. Aun así, dentro de ese machismo recalcitrante, fue quien acuñó la célebre frase: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Mileva vivió hasta el último de sus días en Zúrich, en un apartamento con vista a la facultad en la que estudiaron juntos. El piso fue comprado justamente con el dinero del Premio Nobel que debió ganar ella.

Sirva este pequeño retrato de Mileva Maric como homenaje a esas miles, millones de abnegadas esposas y madres, que han sacrificado sus sueños, carreras e ideales, porque el instinto maternal y el amor han sido más fuertes que el estatus.

 

 

 

As nosas deportistas 

 

Aínda que se fala sempre dos logros deportivos masculinos, a participación das mulleres galegas no deporte de alta competición é cada vez maior, e máis importante.

Mulleres destacadas no deporte galego

Lis Franco: muller lendaria do fútbol feminino galego. De familia aficionada ao fútbol, xogou de centro dianteira no Karbo Deportivo, equipo de A Coruña, gañador de cinco campionatos de España de seleccións autonómicas.

 

Teresa Portela: dúas veces olímpica, ten no seu palmarés dous campionatos do mundo de piragüismo (K1-200) e tres europeos. É sen dúbida unha das mellores palistas do mundo, competindo nas categorías de Kayak monopraza, bipraza e catro.

 

Tamara Abalde: nacida no Ferrol en 1989, xogou no Celta desde onde dou o salto á selección española de baloncesto, sendo campeona de Europa en 2004, 2005 e 2006. Formou parte do equipo español de baloncesto feminino nos Xogos Olímpicos de Beijing.

 

Sara Álvarez: Yudoca lucense que foi campioa de Europa sub 20 na categoría de máis de 78 kgs, e campioa de España na mesma categoría.

 

Eva Castro: oito campionatos de España, un podio na Copa do Mundo e bronce nos europeos, son parte dos logros desta ciclista oleirense. Participou no Campionato de Europa de Seleccións, sendo  a única muller española seleccionada pola Federación Española de Ciclismo para os campionatos de Europa de Four cross.

 

Verónica  Boquete: futbolista compostelá nacida en 1987, que foi campioa europea sub 21 no 2004 e continúa a súa carreira cara a partición no Mundial.

 

Ana Buceta: xogadora de Moaña convocada polas elección español ade fútbol desde os 14 anos.

 

Noelia Sánchez: toda unha referencia na modalidade de voleibol feminino en Galicia. Monfortina membro da equipa de voleibol que xogará o vinceiro campionato de Europa en 2011.

 

Beatriz Gómez: a nadadora pontevedresa gañou catro medallas de ouro nos Campionatos de España para mozas. As súas marcas sitúana como a mellor nadadora española da súa categoría.

Barca Toba: futbolista de Muxía goleadora do seu equipo, o Orzán.

 

Sabela Rodríguez: patinadora artística sobre rodas de orixe coruñesa, campioa de España senior en 2009.

 

 

MULLERES NA HISTORIA

 

 

“CONCEPCIÓN

ARENAL”

(1820-1893)

 

 

Esta galega nacida en Ferrol

é unha das figuras máis

relevantes do século XIX en

España, tanto no plano

intelectual como social,

renovadora do pensamento

sobre os conceptos de

igualdade e liberdade. Con

Concepción Arenal nace o

feminismo en España, pois

desde nova loitou por romper

os cánones establecidos para

as mulleres rebelándose

contra a tradicional

marxinación do sexo feminino

e reivindicacndo a igualdade

en todas as esferas sociais

da muller. A súa ampla

bibliografía agrúpase a redor

de tres grandes temas: as

denominadas “cuestión

social” “penitenciarias” e

“feminina”.

Morreu en Vigo, onde foi

enterrada.

 

 

“SOFIA CASANOVA”

(1861-1958)

 

 

Esta escritora, poeta e

xornalista, nacida na cidade

da Coruña, é a outra gran

muller galega xunto a

Rosalía, Concepción Arenal e

Pardo Bazán. Sen embargo,

a súa vida e obra é case

descoñecida. A súa

producción literaria vai ser

inmensa pero o que máis

destaca é a súa obra como

cronista. Foi a primeira

correspondente de guerra

galega e a súa actividade por

Europa vaille permitir vivir

acontecementos como a loita

das sufraxistas en Inglaterra,

o desenvolvemento do

sindicalismo, a formación do

Partido Bolchevique na Rusia

tsarista e, sobre todo, as dúas

guerras mundiais e a

persecución dos xudeos polo

réxime nazi.

Este ano conmemórase o 150

aniversario do seu

nacemento.

 

 

 

"BETTY FRIEDAN"

(1921-2006)

 

Escritora estadounidense,

autora de “A mística da

feminidade” (1963), obra de

referencia do movemento

feminista, pola que foi

galardoada co premio

Pulitzer. Adiantada ao seu

tempo nos problemas que

sempre a preocuparon: a

reestructuración do doméstico

e a paridade económica e

laboral, dúas frontes nos que

abriu brecha e que a

converteron na figura máis

emblemática do feminismo da

época, na década de 1960.

Foi unha das activistas que

máis contribuíron para trazar

un camiño cara á igualdade

real dos homes e mulleres.

Licenciada en Filoloxía

Hispánica e DEA en Teoría da

Literatura, é especialista en

Igualdade e Impacto de

xénero. No ámbito do

feminismo participa en

múltiples publicacións e foros

académicos.

 

 

ROSALÍA DE CASTRO--1837-1885

 

 

Rosalía de Castro naceu o 24 de febreiro de 1837 en Camiño Novo, un arrabalde de Santiago de Compostela, sendo bautizada o mesmo día cos nomes de María Rosalía Rita. No rexistro do Hospital Real de Santiago de Compostela figura como filla de pais descoñecidos. A súa acta de bautizo rezaba:

A súa nai, María Teresa da Cruz de Castro e Abadía, de orixe fidalga vida a menos, vivíu na casa grande de Arretén.  A familia da nai proviña da liñaxe dos Castro, de orixe castelá, pero establecida en Galicia dende a Idade Media (foron condes de Lemos nunha das súas pólas). Contaba trinta e dous anos cando naceu. Moi pouco se sabe do pai de Rosalía, José Martínez Viojo. Nado en Ortoño, Ames o 7 de febreiro de 1798 e crego de profesión, acababa de cumprir os trinta e nove anos cando naceu a nena; debido á súa condición, non puido recoñecer nin lexitimar á súa filla, encargando o seu coidado ás súas irmás, polo que semella que si se interesou pola súa manutención . Non obstante semellante información -que se transmitiu como un relato, case lenda, oral-, o certo é que non existe ningunha proba que vencelle a Martínez Viojo coa paternidade de Rosalía nin tampouco datos que avalen que fosen as súas (supostas) tías paternas as que se encargasen da meniña. Polo contrario -e de acordo coa documentación achegada polo labor investigativo de Victoria Álvarez Ruiz de Ojeda ,  Rosalía aparece ao coidado da súa nai, en Padrón, cando contaba con cinco anos de idade. 

Nos seus primeiros anos Rosalía viviu unha infancia leda nas vilas rurais de Ortoño e Padrón. ]

 

Non se sabe exactamente cando nai e filla se trasladaron a Compostela, pero si que en 1850 vivían nai e filla nesa cidade. Ali comeza a formarse en torno á Sociedad Económica de Amigos del País. En Santiago recibe formación musical, artística e literaria; participou nas actividades do Liceo de la Juventud, lugar de encontro dos intelectuais comprometidos co movemento provincialista. As súas correntes ideolóxicas, que impregnarán a obra de Rosalía, eran o socialismo e o republicanismo.  No liceo coincidiría con Eduardo Pondal, Aurelio Aguirre e Juan Manuel Paz Novoa.

 

En 1856 trasladouse a Madrid, onde viviu cunha curmá. Comezou a publicar e, en 1858 casou con Manuel Murguía, investigador, cronista e xornalista. A vida do matrimonio fíxose itinerante debido aos cargos funcionariais de Murguía. En 1859 regresaron a Galiza, onde naceu Alejandra, a súa primeira filla; en 1861, de novo en Madrid, publicou obras en galego e castelán. Logo duns anos en Madrid, trasladáronse a Lugo, e despois voltaron a Madrid, onde naceu Aura; as actividades do seu home leváronos por diferentes lugares: Simancas, A Coruña (1871-1878), Compostela, Lestrobe (1879-1883, residindo no Pazo de Hermida), Estremadura, Alacant... e mentres, foron nacendo máis fillos: Aura, nada en decembro de 1868 (morreu en 1942). Gala e Ovidio, xemelgos, naceron en xullo de 1871 (Gala morreu en 1964 e Ovidio en 1900), Amara, nada en xullo de 1873 (morreu en 1921), Adriano Honorato Alejandro, nado en marzo de 1875, (morreu en novembro de 1876 debido a unha caída) e Valentina, nada morta en febreiro de 1877.[7]

 

Rosalía de Castro escribiu tanto en prosa coma en verso, empregando o galego e o castelán. A súa obra estivo profundamente marcada pola circunstancias que rodearon a súa vida: coma a súa orixe, os problemas económicos, a perda dos seus fillos e a súa fráxil saúde.

En 1863 foi publicado en Vigo o seu primeiro grande libro, Cantares Gallegos, publicado polo seu marido, Manuel Murguía, quen xestionou, sen o permiso da súa muller, a saída do prelo dun poemario que fixa o comezo dunha nova xeira para a poesía galega e que, sen dúbida, é a base de todo o rexurdimento literario e non literario da literatura galega. Cantares gallegos constitúe o primeiro libro escrito en galego nunha época na que a lingua galega estaba extinta coma lingua escrita. Moitos poemas do seu libro son glosas de cantigas populares, nelas Rosalía denuncia a miseria, a pobreza e a emigración masiva a que estaban obrigados os galegos, sen deixar de verte-los seus sentimentos e vivencias persoais.

Adios rios, adios fontes,
Adios regatos pequenos,
Adios vista dos meus ollos
Non sei cando nos veremos.
Miña terra, miña terra,
Terra donde m' eu criey,
Ortiña que quero tanto,
Figueiriñas que prantey,

 

Fragmento Cantares gallegos ]

 

En 1880 a escritora publicou unha escolma de poemas á que chamaría Follas Novas. Nun comezo o poemario concebiuse como unha continuación de Cantares gallegos: O 40% dos poemas de Follas novas teñen afinidade co texto publicado en 1863, mentres que o resto das composicións presentan un diferente espírito poético motivado polo afastamento da terra, as desgrazas familiares e as doenzas físicas e morais. Estamos, xa que logo, ante unha poética que afonda nos sentimentos, na saudade e que ten frecuentemente, por horizonte, a fronteira do propio ser.

En castelán publicaría La flor (1857), A mi madre (1863) e En las orillas del Sar (1884) e a novela El caballero de las botas azules (1867) todas elas encravadas no movemento romántico.

[

Casa da Matanza, Padrón

Rosalía botou os derradeiros anos da súa vida en Padrón, onde a familia alugara a casa da Matanza, que despois se convertería en casa-museo. A morte do seu fillo máis novo aos dous anos por mor dun accidente e a súa enfermidade amargáronlle os derradeiros anos. Morreu de cancro en 1885, aos corenta e oito anos na súa casa de Padrón -a cal é hoxe un museo-. Rosalía foi soterrada no camposanto da Adina. Anos máis tarde, en 1891, os seus restos foron trasladados ó actual Panteón de Galegos Ilustres, na igrexa de San Domingos de Bonaval, en Santiago de Compostela.

 

Fuente: Galipedia

CLARA CAMPÒAMOR--1888-1972

A ningunha política ou político de ningunha época lle debe tanto a democracia no estado español como a Clara Campoamor, pois grazas á súa loita gózase en España do sufraxio universal. Clara Campoamor é considerada como unha das nais do movemento feminista e sufraxista en España, sendo unha das primeiras deputadas das primeiras Cortes da II República. Defensora da igualdade de dereitos da muller, foi unha das impulsoras da aprobación do voto feminino nas segundas eleccións republicanas, así como da primeira lei do divorcio. Clara Campoamor foi unha muller que se fixo a si mesma, que loitou sempre contra todo, contra todos e contra todas -«a miña lei é a miña loita», dicía- para conseguir un estado onde a lei non fose un castigo, senón un amparo.

Naceu nunha familia humilde do barrio madrileño de Marabillas. O seu pai, Manuel Campoamor Martínez, era contábel nun xornal madrileño. A súa nai, Pilar Rodríguez Martínez, era modista. Cando o pai morreu, Clara Campoamor deixou a escola e púxose a axudarlle á súa nai repartindo roupa. Entrou despois de dependenta nunha tenda e aos 21 anos fixo oposicións para auxiliar do Corpo de Correos e Telégrafos. Aprobounas e comezou a traballar en 1910 en San Sebastián. En 1914 fixo oposicións para profesora de adultas no Ministerio de Instrución Pública, que aproba coa mellor nota, malia que só lle permiten ensinar taquigrafía e mecangrafía, ao non ter o Bacharelato. Daquela decide estudar mentres segue axudándolle á familia. Ademais de impartir aulas, traballa como mecanógrafa no Ministerio e no diario ‘La Tribuna’ como secretaria do director, un posto que lle permitiu coñecer xente e interesarse pola política, convencéndose entón de que ese tamén era o seu sitio. En 1920 comeza unha nova vida, ao matricularse como alumna do Bacharelato (que remata en dous anos) e a continuación na Facultade de Dereito, onde obtén o título de licenciada en tan só dous anos. Aos 36 anos convértese nunha das poucas licenciadas españolas e inmediatamente comeza a exercer a avogacía. As súas ideas sobre a igualdade da muller acércana ao PSOE e prologa o libro de María Cambrils Feminismo Socialista, dedicado a Pablo Iglesias. Pero nin ela era socialista nin aceptaba a colaboración do PSOE coa Ditadura. Creou a Asociación Liberal Socialista, pero deixouna cando non puido conseguir a súa definición republicana. Mantivo unha grande actividade como conferenciante na Asociación Feminina Universitaria e a Academia da Xurisprudencia, defendendo sempre a igualdade de dereitos da muller e a liberdade política.

Ilexítimo, pero con indubidábel ánimo renovador, o réxime de Primo de Rivera ofreceulles a tres avogadas novas e prestixiosas -Clara Campoamor, Victoria Kent e Matilde Huici- entrar na Xunta do Ateneo, algo que só Victoria Kent aceptou. Cando a Academia da Xurisprudencia lle outorgou a Clara Campoamor a Cruz de Afonso XII, polo seu Premio Extraordinario, tamén a rexeitou, como xesto republicano. A pesar da súa orixe humilde e da súa rápida ascensión social, non abandonou a austeridade na súa vida privada nin a fidelidade aos seus principios.

Traballou con Martí Jara, bo amigo de Azaña, no embrión de Acción Republicana, en cuxo Consello Nacional figurou ao comezo. Nunca logrou o seu ideal estratéxico: a fusión de todos os republicanos e republicanas nun gran partido de centro, con Azaña como delfín natural de Lerroux.

Trala sublevación de Galán e García Hernández en Jaca, o seu fusilamento e o proceso do Comité Revolucionario, Clara asumiu a defensa dos implicados, entre eles o seu irmán Ignacio. O abandono do trono por Afonso XIII, tralo triunfo republicano nas grandes cidades, levou ao Poder da noite á mañá aos seus clientes, convertidos en Goberno Provisional. Convocáronse eleccións a Cortes Constituíntes e, malia que o mito di que a República lles ‘concedeu’ ás mulleres o dereito ao voto, non foi así. A II República supuxo un retroceso fronte ao dereito parcial de voto das mulleres outorgado por Primo de Rivera. En 1931 as mulleres puideron ser elixidas, pero non electoras. E Clara Campoamor saíu deputada nas listas do Partido Radical, ao que se afiliou por ser «republicano, liberal, laico e democrático»: o seu propio ideario político.

Formou parte da Comisión Constitucional, de 21 deputados, y alí pelexou eficazmente por estabelecer a non discriminación por razón de sexo, a igualdade legal das fillas e fillos habidos dentro e fóra do matrimonio, o divorcio e o sufraxio universal, xeralmente chamado voto feminino. Conseguiuno todo agás o voto, que tivo que debaterse no Parlamento. E alí é onde Clara Campoamor gañou un posto eterno na memoria da liberdade no estado español.

A esquerda, con excepción dun grupo de socialistas e algúns republicanos, non quería que a muller votase porque supuñan que estaba máis influída pola Igrexa e ía favorecer ás dereitas. Estas tampouco querían o voto feminino, mais apoiábano porque crían que lles podía favorecer. Daquela, o partido Radical Socialista puxo fronte a Clara á outra deputada, Victoria Kent, para negar o voto da muller adiándoo sine die. O debate foi extraordinario e Campoamor mostrouse moi superior. Pero non tiña maioría; conseguiuna co apoio da minoría dereitista, a maioría do PSOE e algúns republicanos. Victoria Kent e o resto de deputados radicais trataron de gañar o perdido mediante unha enmenda constitucional, pero Clara desbaratouna.

Cando a dereita abandonou o Parlamento pola Lei de Congregacións, fíxose o último intento para impedir ó voto feminino, pero Campoamor non só se impuxo no debate senón que, contra prognóstico e por só catro votos, gañou. Apoiándose no PSOE e nalgúns republicanos de dereita, derrotou aos socialistas de Prieto e aos republicanos do seu propio partido, o Radical, o Radical Socialista e o de Azaña. Prieto saíu do hemiciclo dicindo que aquilo era «unha puñalada á República». Houbo un grande escándalo. E cando en 1933 a CEDA gañou as eleccións e Lerroux formou goberno, sen eles e con eles, toda a esquerda lle botou a culpa da súa derrota a Clara Campoamor. Foi a súa morte política.

En 1933 non conseguiu renovar o seu escano, e en 1934 abandonou o Partido Radical pola súa subordinación á CEDA e os excesos na represión do golpe revolucionario de Asturias. Pero cando, nese mesmo ano, pediu (coa mediación de Casares Quiroga) ingresar en Esquerda Republicana (fusión de radicalsocialistas, azañistas e galeguistas) sometérona á humillación de abrirlle un expediente e votar en público a súa admisión, que foi denegada.

Dúas afiliadas pasearon en alto a súa bóla negra, xactándose da vinganza. Non entrou nas listas da Fronte Popular, que gañou por unha maioría máis ampla cá dereita en 1933 e, evidentemente, co voto feminino. Ninguén lle pediu desculpas. Escribiu entón, e publicou en maio de 1935, Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, unha testemuña das súas loitas parlamentarias e un dos libros políticos máis admirábeis e menos divulgados do século XX español.

A guerra pillouna por sorpresa e fuxiu de Madrid temendo que a pasearan os seus republicanos. En 1937 publicou en París La revolución española vista por una republicana, en francés, nunca editado en español. Viviu unha década en Bos Aires e gañou a vida traducindo, dando conferencias e escribindo biografías -Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo-. Tratou de volver a finais dos 40 e a comezos dos 50, pero atopouse con que tiña que ser depurada por pertencer á loxia masónica Reivindicación. A diferenza doutros exiliados e exiliadas, ela negouse a declarar por un delito que non era tal cando se cometeu. Así, por principios, ficou no exilio para sempre.

En 1955 instalouse en Lausana (Suíza), e traballou nun bufete até que perdeu a vista. Morreu de cancro en abril de 1972, e mandou que os seus restos foran incinerados en San Sebastián, onde ela estaba cando se instaurou a II República.

Concha Fagoaga e Paloma Saavedra, na súa reedición de El voto femenino y yo, en 1981, citan unha carta de Clara Campoamor en 1959 a Martín Telo: «Creo que o único que ficou da República foi o que fixen eu: o voto feminino». Abofé. E con só o voto masculino nunca acadaríamos o sufraxio universal.

 

Fuente: Galipedia

 

 

 

 

 

 

SIMONE DE BEAUVOIR

 

Naceu nunha familia burguesa, sendo educada baixo unha forte moral cristiá, pero na súa mocidade decidiu desligarse das súas orixes. En 1929, despois de coñecer a Jean-Paul Sartre na Sorbona, onde ambos estudaban filosofía, uniuse estreitamente ó filósofo e ó seu círculo, creando entre eles unha relación que lles permitiu compatibiliza-la súa liberdade individual coa súa vida en conxunto. Foi profesora de filosofía ata 1943 en escolas de diferentes lugares de Francia, como Rúan e Marsella, ata que a ocupación alemá en París, a causa da Segunda Guerra Mundial, afastouna da ensinanza. Durante ese período viviu na cidade tomada, formando parte do movemento da Resistencia Francesa.

                                                                       

 

                                                                           Obra

Na súa primeira novela, A convidada (1943), explorou os dilemas existencialistas da liberdade, a acción e a responsabilidade individual, temas que aborda igualmente en novelas posteriores como O sangue dos outros (1944) e Os mandarís (1954), novela pola que recibiu o Premio Goncourt; a cal se considera a máis importante de tódalas súas obras. As teses existencialistas, segundo as cales cada un é responsable de si mesmo, introdúcense tamén nunha serie de obras autobiográficas, catro en total, entre as que destacan Memorias dunha moza de boa familia (tamén coñecida como Memorias dunha moza formal) (1958) e Final de contas (1972). As súas obras ofrecen unha visión sumamente reveladora da súa vida e o seu tempo.

                                                    

                                                    Entre os seus ensaios escritos cabe destacar O segundo sexo (1949), unha profunda análise sobre o papel das mulleres na sociedade; A vellez (1970), sobre o proceso de envellecemento, nesta obra critica apaixonadamente a actitude da sociedade cara os anciáns, e A cerimonia do adeus (1981), na cal evoca a figura do seu compañeiro de tantos anos, Jean-Paul Sartre.